Cada farmacia de la red recibió un surtido estándar, sin tener en cuenta su ubicación ni el perfil de su población. El inventario se administró sin un modelo predictivo, la escasez y el exceso de existencias coexistían y los canales de entrega siguieron patrones históricos que nunca se habían cuestionado.
El resultado: millones de personas atrapadas en existencias inútiles, ventas perdidas por falta de disponibilidad y costos logísticos en constante aumento, sin que los equipos tengan las herramientas para actuar.






